Comenzando a cuestionar...

De repente despertamos en una casa, con gente desconocida a la que luego conocemos como familia, empezamos a darle nombre a las cosas y una razón para la cual existen. Por ejemplo una taza que esta para tomar algo dentro, o la llamada cuchara que sirve para comer... y así como todo lleva su nombre y propósito, nosotros también. Aprendernos nuestro nombre resulta fácil, pero nuestro propósito? eso nadie nos lo dice, lo debemos encontrar nosotros. Por que al fin y al cabo todo pasa por un ¿para qué? ¿no?

Estamos acá por algo, algo que no está escrito ni definido por nadie y justamente por eso resulta difícil encontrar respuestas claras a esta primer pregunta que me hago al despertar ¿para qué estoy acá? Así empieza a caer una lluvia de dudas y a su vez una lluvia de posibilidades que me permitirían saciarlas. Como no tengo una respuesta clara, decido hacer lo que haría en un examen: empezar por las preguntas que sí se, lo que sé es que vivo por algo y que aparentemente esa razón la vamos descubriendo poco a poco a través del tiempo y de la vida misma, que con sus idas y vueltas nos va redireccionando en diferentes caminos. No me cerraría tampoco en pensar que existe un único e irremplazable propósito por el cual me crearon, prefiero dejar que la vida me sorprenda y el día que lo encuentre me sentiré satisfecha de que todo el arduo proceso de búsqueda valió la pena. 

Pero también pienso que el proceso duraría más que el propio resultado. Entonces hago foco en disfrutar de ese trayecto en que me busco a mi y a mi "para qué" en este mundo. ¿Cómo? guiándome por mis gustos y pasiones y haciendo que cada día valga y me haga sentir viva.

Que cada cosa que hagamos tenga una razón: disfrutar hasta el último momento.  

Carolina Schiebert

Comentarios